
Pese a la inquietud que me generó la novela distópica del mismo autor, 1984, tenía pendiente la lectura de este otro gran clásico de la literatura. Escrita en el año 1945, es una sátira mordaz del comunismo en general y de la revolución rusa y del estalinismo en particular. Corriente ideológica cuyas prácticas el autor, tras su experiencia como voluntario en la Guerra Civil española en el bando rojo (así se autodenominaban ellos mismos, aunque fruto del poso de la verdad única, promovida y dirigida por algo similar al Ministerio de la Verdad en la mencionada novela 1984, haya quedado sólo la denominación de bando republicano), conoció bien.
La publicación de la novela fue empresa difícil debido a la censura y a intereses bélico-estratégicos de Gran Bretaña, que no quería enfadar a su nuevo aliado (tras la ruptura de los soviéticos con el Eje y su alianza con los británicos), ya que los personajes protagonistas de la misma son fácilmente identificables. Obra fabulada (sus protagonistas son animales), el papel de los líderes comunistas lo protagonizan cerdos, algo que los británicos y sus aliados temían que irritara a aquellos.
El señor Jones y su familia poseían una granja conocida como la Granja Solariega. Una noche, un cerdo ya anciano, conocido como el Viejo Comandante (Karl Marx), arenga a los animales de la granja a rebelarse contra la tiranía de sus propietarios, los humanos. Tras la muerte del Viejo Comandante, dos cerdos, Bola de Nieve (Trotsky) y Napoleón (Stalin. Aunque existen estudiosos de la obra (como Christopher Hitchens) que afirman que George Orwell quería identificar al personaje también con Lenin, en la fase previa la revolución en la granja) dirigen una revuelta contra los humanos propietarios de la granja, consiguiendo expulsar a estos.
Desde ese momento, dirigidos por los cerdos, los animales toman el control de la granja, rebautizándola como Granja Animal. Instauran como himno una vieja canción denominada Bestias de Inglaterra (La Internacional en su versión primigenia) y crean siete mandamientos de obligado cumplimientos y hasta su propio lema “cuatro patas sí, dos patas no”.
Los cerdos, acaban con cualquier pensamiento crítico con la ayuda de su propia guardia pretoriana, una jauría de perros que matan a cualquiera que dude de las órdenes de los cerdos. De la propaganda y de moldear el relato según convenga, incluso la historia (como se pretende hacer en la actualidad en este país, antes llamado España, con la ley de memoria democrática), se encarga otro cerdo, Chillón.
Los celos de Napoleón (Stalin) por los planteamientos más racionales de Bola de Nieve (Trotsky), llevan a aquel a eliminar a éste y a crear poco a poco una falsa leyenda con las supuestas intenciones de Bola de Nieve. Napoleón se hace con el poder absoluto de la granja. La situación es mucho peor para los animales que cuando la granja era dirigida por el señor Jones, pero la propaganda y hasta la manipulación de los hechos pasados dirigida por Chillón, junto con el miedo que infunde la jauría de perros, impide cualquier pensamiento crítico de los animales.
Poco a poco, los siete mandamientos se van sustituyendo en función de los intereses particulares de los cerdos. Estos comienzan a hacer tratos con los humanos y a comportarse como éstos, hasta que llega el momento que se elimina su himno, la granja recupera su nombre original de Granja Solariega y los cerdos comienzan a andar sobre dos patas, adoptando no sólo las costumbres, sino hasta la forma humana, no distinguiéndose ya entre cerdos y personas.
Rebelión en la granja
George Orwell
Penguin Random House Grupo Editorial
Una reseña de David Torija












