En el mundo de los intermediarios el español es el rey

 

La semana pasada mi amigo Pablo me hablaba sobre un interesante libro que está leyendo y que tiene por título Y Google, ¿cómo lo haría?; haciéndome especial mención a un capítulo denominado La inmobiliaria Google: Las información es poder. 

Parece ser que el libro versa sobre cómo Google puede cambiar la forma de trabajar de muchas empresas e incluso, lo que a mi más me interesa, perfeccionando el propio mercado. Pero ni puedo ni pretendo dar más detalles ya que, aparte de no haberlo leído, espero que mi compañero nos amplíe la información sobre la obra completa en forma de reseña para Frikonomics.

El capítulo sobre el que me habló mi amigo critica el funcionamiento del mercado inmobiliario americano. Ya que, según el autor, el 6% que cobran los intermediarios inmobiliarios por sus servicios en la tierra del Tío Sam está totalmente desproporcionado ya que no aportan valor alguno a la venta de una casa.

Según se dice en el mismo, se trata de un oligopolio (mercado dominado por un pequeño número de vendedores o prestadores de servicios), que basa su poder en el conocimiento en exclusiva de los servicios de clasificados múltiples (MLS).

No me duelen prendas a la hora de afirmar que para mí el libre mercado es la mejor forma de realizar cualquier transacción y el mejor sistema económico, pese a que corra el riesgo de que algún apasionado lector se cree una imagen ficticia de mí, similar a la de un capitalista americano de los años 20 con sombrero de chistera y tirantes, imagen que pudiera formase, como las mejores fotografías, en blanco y negro, y no por la antigüedad de la misma, si no por la falta de perspectiva y objetividad que otorga ver las cosas tan sólo como uno las quiere ver, obviando que pese a lo romántico de lo utópico, no son sólo dos colores los que imperan en el mundo real.

Podemos definir el mercado perfecto como aquel en que ningún participante  puede influir decisivamente sobre el mismo, porque todos gozan de una información igual y fiable de las ofertas y demandas, existe libre concurrencia de oferentes y demandantes, los gastos operacionales son iguales para todos y existe libertad completa en la formación de los precios.

La posibilidad de alcanzar un mercado perfecto siempre se había considerado una utopía, dada la dificultad de que todos los agentes que participan en el mismo dispongan de la misma información. Al final siempre algún participante jugaba con las cartas marcadas, por lo que en lugar de un mercado libre perfecto nos encontrábamos con situaciones oligopolísticas e incluso monopolísticas (en las que era una sola compañía quien satisfacía toda la demanda).

La potente irrupción de Google a nivel global puede contribuir a que todo esto cambie. Antes de la llegada del gigante informático, websites como Idealista en España y Craigslist en los Estados Unidos han mejorado muchos enteros el contacto directo entre oferentes y demandantes de viviendas, mejorando la libre formación de precios y expulsando del mercado a oligopolistas que basan su poder en el conocimiento en exclusiva de la oferta de viviendas, encareciendo la transacción sin aportar valor alguno a la misma.

Y en España sabemos mucho de esto, ya que, como reza el título de este artículo, somos el país de los intermediarios. Y en el sector inmobiliario y más concretamente durante el boom vivido hace unos años, tenemos un claro ejemplo de esto. La locura desatada antaño por la compra de viviendas, que, más allá de cubrir una necesidad básica, se convirtió en especulación pura y dura, en un mercado desatadamente alcista que situó los precios de la vivienda en cotas inalcanzables para el más común de los mortales y cuyas consecuencias pagamos hoy tanto las familias, como aquellos que nos hemos dedicado honradamente durante décadas a la construcción.

La entrada de miles de nuevos participantes, cuyo desconocimiento del funcionamiento del sector era notable,  que tan sólo pugnaban por su trozo del pastel a base de especular con el precio de suelos y viviendas, alentó la creación de una burbuja inmobiliaria. Situación que se vio agravada por los bajos tipos de interés y la apuesta de la banca por la concesión de hipotecas que hoy, acabada la tarta, niegan a empresas y particulares.

Pues más nos vale cambiar nuestra forma de hacer negocios, ya que en la actual coyuntura económica, se me antoja necesario aportar valor en lo que hagamos en lugar de limitarnos a intermediar.

Las múltiples herramientas que ofrece Google, léase Pincasa, Google Maps, Google Earth…facilitan al vendedor dar a conocer su casa y al comprador no sólo conocer la misma sino todas las posibilidades del  entorno de la misma. Y es que hoy, parece estar más de moda que nunca el archirepetido lema de adaptarse o morir.

 Artículo publicado en Frikonomics.com

David Torija Pradillo

davidtorija@coev.com

Acerca de David Torija

Economist and MBA. Business Development Manager, Advisor and Business Strategist. Passionate about Management, Finance, Marketing, Sales, Social Media, Writing and Public Speaking. Cross Cultural and Global Minded. Hard Worker. Entrepreneur. Optimistic, Enthusiastic: Always look on the bright side of life.
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