¿Recuperación en forma de W?

La economía es una ciencia que suele pasar desapercibida hasta que las cosas empiezan a ir mal. Suele tener mala prensa ya que cuando popularmente le toca el turno de saltar a la palestra suele ser para hablar de las medidas y restricciones que se han de llevar a cabo para superar una difícil coyuntura económica como la actual. Otra cosa es que los dirigentes políticos hagan caso a los economistas o no.

No es una disciplina que se limite al estudio de cifras y al análisis de las mismas. Va mucho más allá, estudia cómo satisfacer las necesidades de las personas y de la humanidad en su conjunto, investigando cuáles, de entre las distintas posibilidades de elección, son las más adecuadas para lograr los objetivos que se pretenden. Se complementa con otras disciplinas como las matemáticas, la estadística, la psicología, la política y la historia.

Siempre he creído en la necesidad del estudio de la historia para evitar cometer los mismos errores que en el pasado. Pero en demasiadas ocasiones la ambición y la codicia borran de nuestras débiles mentes las lecciones tejidas en el telar de la historia. La actual crisis económica tiene su reflejo, aunque quizás no con tanta virulencia, en coyunturas similares del pasado, a las que, para más Inri, se llegó por motivos parecidos. Por lo que parece que hemos aprendido bien poco del, como diría Ortega, comportamiento pendular de la pupila historia.

 La economía no es ajena a los ciclos naturales de la vida, pues con el tiempo los consumidores pasan de la codicia al miedo, volando sus sentimientos a la velocidad de la luz y contagiando a los mercados, transformando la confianza en pesimismo. Existenten pues ciclos económicos alcistas en los que impera el entusiasmo, sentimiento que se convierte, cuando el crecimiento es desproporcionado, en un éxtasis de euforia;  y ciclos económicos bajistas, en los que la desilusión adquiere especial protagonismo, adueñándose el  pánico de la situación cuando la cosa se complica. Resulta de común aceptación que una situación de crisis económica suele ser el capítulo siguiente a un prolongado periodo de crecimiento desproporcionado. Es por eso que los economistas abogamos por un crecimiento constante, sostenible y moderado.

Vivimos en un mundo globalizado, en el que los acontecimientos que suceden en un país no son ajenos al resto. Y menos aún si éstos tienen lugar en la primera economía del mundo, Estados Unidos (como la crisis de las hipotecas subprime, semilla de la crisis actual), o en sus más inmediatos perseguidores, China y Japón, actualmente pujando por el segundo lugar. Parece que los japoneses (a quien siempre he definido como los alemanes de Asia, por su seriedad y rectitud laboral), pese a ser la cuna de la tecnología, no consiguen levantar cabeza desde hace más de dos décadas como consecuencia de la crisis de las punto com y de la crisis inmobiliaria. Mientras que China (para mí los latinos de Asia, pues son más pícaros y comerciales), fruto de su lenta apertura hacia una economía capitalista (tan sólo oficialmente reconocida en la región administrativa especial de Hong Kong) y de su elevada población, parece que le toma la delantera a los otrora súbditos del imperio del sol naciente.

Mucho se ha especulado desde el estallido de la crisis sobre cuál iba a ser la forma que iba a adoptar el gráfico de la recuperación. Primero se habló de la posibilidad de que el futuro inmediato se iba a plasmar gráficamente en forma de “L”, es decir, tras una caída en picado (como así sucedió) vendría un largo periodo de estancamiento en forma de movimiento lateral. La buena marcha de la economía norteamericana  durante el último trimestre de 2009 hacía presagiar una pronta recuperación de su economía, y por ende, de la economía mundial adoptando ésta la forma de la letra “V”. Pero los malos datos publicados en Estados Unidos han hecho saltar las alarmas y se ha vuelto a hablar de una posible recuperación en forma de “W”, lo que implicaría una nueva recesión.

Si hacemos caso de las lecciones de la historia, desde el nacimiento del índice del Instituto de Investigación del Ciclo Económico norteamericano (ECRI), hace 42 años, cuando este indicador cae un 10 %, se produce una recesión con un desfase temporal de entre 3 y 6 meses. Dicho índice registró una caída del 9,8% el mes pasado. Se trata de la visión más agorera, a la que se suman economistas de la talla de Nouriel Roubini, protagonista de alguna aventura y desventura en esta plaza, quien prevé un negro futuro para la economía norteamericana tras la retirada de los planes de estímulo.  Y si Estados Unidos vuelve a pasarlo mal, el resto no permaneceremos inmunes.

Centrándonos en las previsiones para Estados Unidos, obtenemos una visión que resulta ser más optimista si analizamos la evolución de los tipos de interés, el precio del crudo y los resultados empresariales.

Si analizamos, en primer lugar, la curva de tipos de interés, observamos que el precio oficial del dinero se sitúa entre el 0 y el 0,25%, mientras que el tipo de interés de los activos libres de riesgo a largo plazo, para lo que normalmente se toma como referencia el bono de deuda pública a 10 años, se sitúa en torno al 3%. Lo normal es que los tipos de interés a largo plazo sean superiores a los tipos a corto plazo (lo que sucede actualmente), pues a mayor plazo mayor riesgo para el inversor. Además, unos tipos de interés bajos permiten la reactivación económica, y parece ser que la Reserva Federal no tiene previsto un aumento de éstos, al menos por el momento. Si echamos mano, una vez más, de las lecciones de la historia,  las nueve recesiones que ha vivido Estados Unidos desde 1954  se produjeron tras un aumento de tipos buscando contener los precios en periodos inflacionistas, lo contrario a lo que sucede en la actualidad. De ahí que las previsiones sobre los tipos de interés norteamericanos no muestren ninguna señal de alarma.

Continuando con el análisis, en el mismo periodo de tiempo, las recesiones estadounidenses desde mediados de los cincuenta han venido precedidas de malos resultados empresariales. Lo que no sucede en la actualidad, es más, son muchas las empresas que revisan al alza sus previsiones de beneficios.

El precio del petróleo  también experimentó fuertes subidas en las semanas previas a las recesiones norteamericanas de las últimas seis décadas. En la actualidad, tras las fuertes subidas de 2.009 (que llevaron las cotizaciones del petróleo, como consecuencia del aumento de la demanda y de la debilidad del dólar, a rozar la barrera de los 80 dólares por barril, con un crecimiento acumulado anual del 75%, el más alto de la década) el precio del crudo se ha estabilizado. De ahí que este factor tampoco nos lleve a temer por una recaída de la primera economía del mundo.

Por lo que aunque el indicador ECRI haya dado una señal de alarma, no existen indicios en otros indicadores que nos hagan temer por una recaída de la economía norteamericana. Aunque la FED y el gobierno norteamericano deberían ponerse las pilas para tratar de evitar que el agorero pronóstico del primer indicador mencionado, acabe por imponerse. Mientras que en Europa no nos vendría mal tirar del sabio refranero español: Cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar.

Abandonando Estados Unidos y, como se decía, China,  con un Producto Interior Bruto de 1,33 billones de dólares parece que supera a Japón, cuyo PIB se sitúa en 1,28 billones dólares, convirtiéndose en la segunda economía del mundo. Su extraordinario comportamiento (con un crecimiento del 9,3%, similar al de la India, otra nación a tener en cuenta en el futuro más inmediato), radicalmente distinto al de las economías occidentales, me temo que no va a ser imitado en la figura que adopte la ansiada recuperación económica europea. Tampoco deseamos que la UE siga una evolución como la que dibujó durante años Japón en forma de L, aunque el  tímido crecimiento del 1% en el primer semestre del año, empujado tan sólo por nuestro motor alemán, nos haga temer con una recuperación más parecida a la japonesa que a la China.

 David Torija Pradillo

Artículo escrito para Frikonomics.com

Acerca de David Torija

Economist and MBA. Business Development Manager, Advisor and Business Strategist. Passionate about Management, Finance, Marketing, Sales, Social Media, Writing and Public Speaking. Cross Cultural and Global Minded. Hard Worker. Entrepreneur. Optimistic, Enthusiastic: Always look on the bright side of life.
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