A la memoria de Eugene Carmichael

Eugene Carmichael(Eugene Carmichael durante un discurso en Toastmasters Valencia)

Corría el mes de octubre del año 2011, bajo una lluvia tan inesperada como atípica en la ciudad de Valencia, un servidor buscaba una callejuela recóndita del centro en la que se ubicaba un local, muy frecuentado por la comunidad británica, llamado The Ginger Loft.  Sinceramente, no sabía que me iba a deparar aquella cita en la penumbra de aquel lúgubre primer piso del local.

Permitidme que os cuente cómo y por qué había llegado yo hasta allí. En diciembre del año anterior, tras  finalizar mi MBA, me di cuenta que para escalar en mi carrera profesional, era imprescindible dominar el inglés y ser un buen comunicador. A la vuelta de mi periplo por Galway y Nueva York para mejorar mi conocimiento y fluidez en la lengua de Shakespeare, comencé asistir al intercambio de idiomas (Inglés/Español) que  cada semana se celebraba en El Laboratorio, bar por aquel entonces co-regentado por mi amiga Ricarda. Allí conocí a mi buena amiga Julia Roberts, no la actriz, sino una escocesa de Saint Andrews que buscaba en Valencia cambiar la lluvia por un sol perenne.  Julia, por aquel entonces Vicepresidente de membresía de Toastmasters Valencia, conocedora de mi deseo de mejorar mi oratoria, me invitó a asistir a la reunión que se iba a celebrar en unos días en The Ginger Loft.

Y así es como, un servidor, con un clima más propio de la campiña escocesa que de la capital del Turia, entré tarde y calado hasta los huesos en aquel bar, donde un expresivo y sonriente señor comenzaba un discurso en inglés, se trataba de Eugene Carmichael.

Allí se daban cita numerosos expatriados angloparlantes como Peter Taylor, Jackie Paarhuis, Jane Craggs, Paul Taylor, Linda Casanova, Susan Hoover… y a quien hoy dedico estas líneas, Eugene Carmichael. Sólo Pablo, César Gómez Mora y un servidor, proveníamos de la tierra de Cervantes. Frecuenté como invitado aquellas reuniones hasta aquella tarde del mes de diciembre, en la que se les ocurrió asignarme un roll, no entendí la labor que se me encomendó y sentí que hice el mayor de los ridículos. Volví a casa cabizbajo, apesadumbrado, convencido de que aquella había sido mi última aparición en Toastmasters y que aquella gente no volvería a verme el pelo (ya por aquel entonces bastante escaso).

Pero como no soy persona que se rinda fácilmente, tras meditarlo con la almohada, a la mañana siguiente solicité mi adhesión al club y pedí hacer mi primer discurso. Un compañero se ofreció a ser mi mentor en aquella aventura, su nombre, Eugene Carmichael.

La segunda semana de enero del año 2012, debutaba como orador en el restaurante Sierra Aitana ante la atenta mirada de mi mentor, Eugene, y de quien fue mi anfitriona inicial, la siempre atareada Julia Roberts, que aquella tarde sí pudo ser testigo de uno de los peores discursos de la historia del club, el mío de aquella velada. Poco a poco fui puliendo mis dotes comunicativas en distintos escenarios (El Faro, el Colegio de Ingeniero de Caminos, el Colegio de Ingenieros Industriales, Florida State University, CoWorking Valencia, Wayco…) y sin llegar a ser un orador brillante, conseguí lo que buscaba, saber comunicar.

Eugene

Como no me había complicado lo suficiente, al finalizar aquella temporada, decidí presentarme voluntario a la dirección del club. Fui elegido Vicepresidente de Educación, puesto que había venido desarrollando Eugene. Tuvimos una primera reunión entre la directiva saliente y la entrante. Al finalizar la misma, Eugene y yo decidimos citarnos otro día para que él me explicase en detalle las tareas del cargo. Quedamos en mi casa poco antes de las 8 de la tarde. En poco más de una hora habíamos despachado nuestra tarea, mientras, mi mujer, que es una anfitriona estupenda, había preparado la cena. Creo que Eugene disfrutó mucho de aquella velada, tal es así que era la una de la mañana (no está nada mal para un día de diario) cuando abandonaba nuestra casa camino de Pedralba, donde vivía. Aquellos que le habéis conocido no dudaréis de lo que a continuación afirmo: el tío no paró de hablar en toda la noche. Su juventud en Bermuda (de donde era natural), su periplo por Estados Unidos, testigo de un asesinato en un teatro de Nueva York incluido, aquella chica racista a la que cameló y se convirtió en su novia…muchos y diversos fueron los temas que puso encima de la mesa. Mi mujer y yo mirábamos absortos como la comida se  le enfriaba en el tenedor mientras Eugene enganchaba un tema con otro sin pegar bocado. Tal es así, que le preparamos unas viandas en un tupper para que se llevase a casa y las compartiese con su mujer.

Mi esposa y yo le acompañamos hasta su coche, aquél destartalado Volvo rojo en el que tantas veces me llevó a casa después de las reuniones de Toastmasters. Aquel coche que talmente parecía un trastero, repleto de papeles y todo tipo de utensilios repartidos irregularmente  por  su interior. Y Eugene se marchó feliz, con sus tupperware y la bonita sensación de haberse sentido escuchado durante unas horas.

Coincidía con Eugene al menos un par de días al mes en las reuniones de Toastmasters en inglés (bajo la presidencia de César Gómez Mora y conmigo como vicepresidente de membresía, empezamos a hacer reuniones también en castellano), también en la reunión mensual de Internations, asociación internacional de expatriados de la que los dos éramos parte.

Ya en mi segunda temporada, le pedí a Eugene que evaluase mi discurso con el que iba a conseguir mi primer título de Oratoria, el Competent Comunicator, que, con los consejos de mi mentor y bajo el título de What a wonderful world arrancó los aplausos sinceros y entusiasmados del respetable en Florida State University y me supuso llevarme el triunfo aquella tarde como mejor discurso.

Recuerdo su emoción cuando, tras mi discurso en el Real Club Náutico de Valencia, le conté que iba a ser papá, o del día que le presentamos a mi hija… Eugene era una persona humilde pero alegre y optimista. Y digo era, porque se nos ha ido.

 Hace un par de semanas, tras terminar una larga sesión de reuniones de trabajo en Budapest, al subir a la habitación para cambiarme de ropa antes de cenar, me encontré con un email del actual presidente de Toastmasters Valencia, en el que me informaba del fallecimiento de mi mentor y amigo Eugene Carmichael. Aquella noche tuve que mantener el tipo, pues no quería estropear la velada a mis colegas del resto de Europa.

Las personas buenas deben ser recordadas. De ahí que le dedique estas, para mí emotivas líneas, para que, allá donde esté, con su gorra autografiada de Barack Obama, esboce una gran sonrisa recordando aquellos tiempos. Va por ti mentor.

David Torija Pradillo

 

Acerca de David Torija

Economist and MBA. Business Development Manager, Advisor and Business Strategist. Passionate about Management, Finance, Marketing, Sales, Social Media, Writing and Public Speaking. Cross Cultural and Global Minded. Hard Worker. Entrepreneur. Optimistic, Enthusiastic: Always look on the bright side of life.
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