Reseña de Los días de gloria de Mario Conde

<<Si el grito de la injusticia no consigue estremecer tu alma, la indiferencia te convertirá en cómplice>>. Mark Twain.

Las pasadas navidades mi abuela política me regaló, como al resto de varones de la familia de mi mujer, el que por entonces era el último libro de Mario Conde, Los días de gloria.

Comencé a leerlo de inmediato, pero, pese al interés que me suscitó su lectura, tuve que abandonarla pues el libro era demasiado grande como para que me acompañase como parte de mi limitado equipaje en la aventura viajera que he vivido este año (he tenido la fortuna de pasar gran parte del mismo en Irlanda y en Estados Unidos). Reinicié su lectura al regresar a España.

Estuve tentando de proponer la publicación de esta reseña en Frikonomics, web de información económica y empresarial de la que soy editor. No lo hice porque la misma puede interpretarse como una crítica con cierta carga política, estando ésta prohibida estatutariamente, como garantía de nuestra independencia, en la asociación sin ánimo de lucro, Amigos de la Economía y la Empresa, a quien  Frikonomics pertenece. Por tanto, he preferido no hacerlo y publicarla tan sólo en mi blog personal.

Hasta hace poco tiempo, no me había sentido atraído, intelectualmente hablando, por la figura de Mario Conde. Durante mi infancia y mi adolescencia, coincidentes con el desarrollo de los hechos que en este libro se relatan, me limitaba a creer, demasiado alegremente, que la caída de Mario Conde se debía a la pertenencia de éste a la Masonería; orden secreta demonizada por la oprobiosa dictadura del General Franco (cuya tumba pretende ahora profanar el gobierno saliente como último servicio al revanchismo más disgregador), cuyos rituales básicos conocí gracias a la lectura de El triple secreto de la Masonería del historiador Ricardo de la Cierva. A día de hoy ni me consta, ni me importa que Mario Conde sea o no un hijo de la viuda.

Durante mi época universitaria compré en cierta ocasión, gracias a la insistencia de mi compañera Yoana (quien idolatraba a Mario Conde), la revista MC, fundada por el autor de la obra que nos ocupa. Mi desconcierto sobre la figura del mismo aumentó al descubrir que, de la dirección de MC, se ocupaban Javier Bleda y Gustavo Morales, dos conocidos miembros de la diáspora azul. Quienes, si la memoria no me falla, hicieron lo propio durante un corto periodo con el extinto diario Ya.

Estando todavía en, parafraseando a mi suegro, aquel vetusto edificio que era la Universidad, asistí a una conferencia en la que, el ponente, un directivo de la cadena hotelera NH, hablaba del inmenso poder convicción de Mario Conde. Algo que, sin conocerle personalmente, he ido comprobando por mi mismo pues, tras la lectura de Los días de gloria y sus apariciones en el parcial y subjetivo programa televisivo El gato al agua (tan parcial y subjetivo como el amplio abanico de programas de corte opuesto del que disponen quienes lo critican y abogan por el cese de sus emisiones) que esporádicamente veo, precisamente cuando Mario Conde forma parte de la plantilla de tertulianos. De tal forma que he pasado de la más absoluta indiferencia que sentía por el Sr. Conde en mi adolescencia, a la comprensión e incluso, al aprecio por él.

Sea Mario Conde masón, agnóstico, rosacruz o medio pensionista, de lo que no me cabe ninguna duda es de que se trata de una persona con una inteligencia brillante, una mente preclara dotada de una facilidad de transmisión fuera de lo común.

Fue precisamente esa inteligencia y esas habilidades comunicativas las que llevaron a aquel joven abogado del Estado a convertirse en la mano derecha de Juan Abelló. De cuyas aventuras y desventuras empresariales se ocupa la primera parte del libro. He disfrutado especialmente con su lectura, especialmente con el apartado dedicado a la venta de la empresa farmacéutica Antibióticos, de dónde Mario Conde y Juan Abelló obtuvieron el dinero que les posibilitó su arribada al consejo de administración de Banesto (mediante la compra de un importante paquete accionarial del banco). Pese a que las inquietudes de Mario Conde se limitaban a la navegación a vela  alrededor del mundo y a una vida laboral más tranquila, accedió a cumplir el sueño de su mentor, ser parte del consejo de administración de un gran banco, lo que proporcionaría a Abelló el halo de poder social que éste ambicionaba.

Lo que menos me ha gustado de esta primera parte del libro es descubrir cómo, en los consejos de administración de algunas grandes empresas españolas, seguía o sigue imperando el más rancio clasismo, que da prioridad a sus cuotas de poder familiar frente a atractivos proyectos y los resultados que se podrían conseguir con los mismos.

Algo que se hace extensible a la banca, tal y como narra Mario Conde en la segunda parte del libro, aquella que se ocupa de su etapa en Banesto.

Resulta inquietante descubrir cómo el Banco de España, organismo independiente que ha de velar por el correcto funcionamiento del sistema financiero, hacía y deshacía a su antojo en la banca española, siguiendo las directrices del gobierno de turno, con la intención de controlar entidades privadas (obviando su verdadera misión).

El comportamiento que en el libro se describe del por entonces gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, es poco menos que deleznable. Y es que, durante los casi 14 años de gobierno socialista se abogó, ante la pasividad de la sociedad civil,  por el control y la influencia de la clase política (y del gobierno) sobre los medios de comunicación, la banca y todos aquellos pilares estratégicos del Estado. Así mismo, se promovió la ausencia de separación de poderes desde que, por obra y gracia del gobierno de don Felipe González Márquez, en diciembre de 1986  se aprobara la Ley Orgánica que regula los nombramientos de los miembros del Consejo General del Poder Judicial, la cual dictamina que los miembros del órgano de gobierno de los jueces pasaban a ser elegidos por los partidos políticos.

A partir de ese momento, en España dijimos adiós a la separación de poderes de Montesquieu (eje de la democracia).

Fue  precisamente esa actitud de la clase política, la de actuar como si España, sus instituciones y sus empresas (tanto públicas como privadas), fuesen un cortijo de su propiedad, la que posibilitó la creación de un mito, Mario Conde. Quien para muchos hubiese sido el mejor sustituto, allá por el año 93, de un agotado y debilitado por la sangrante corrupción, Felipe González, en detrimento de un José María Aznar que, según lo que se cuenta de él en este libro, demostraba tener muy poca estatura, no sólo física, que también.

De ahí que el que Mario Conde presidiera con éxito un banco como Banesto, que adquiriese Antena 3 con la previsión de crear un gran grupo multimedia, que su íntimo amigo Fernando Almansa se convirtiese en Jefe de la Casa Real e incluso la organización de una serie de conferencias en el mismísimo Vaticano, se interpretase por parte del poder del sistema como que Mario Conde podía hacer peligrar el control del cortijo o las posibilidades de acceder al mismo.

De tal forma que, en las navidades de 1993, en una cena celebrada en casa de los Aznar, con multitud de invitados como testigos directos, entró un exultante (e imprudente) Aznar y entusiasmado anunció:

-<< Acabo de hablar con Felipe González y ya está decidido, en unos días, nos cargamos a Mario Conde. ¡Por fin! ¡Ya está!¡Se acabó!>>

A lo que Jesús Posada, precisamente elegido esta semana para presidir el Congreso, contestó:

-<<¡Enhorabuena, presidente! ¡Ahora sí que te veo presidente del gobierno!>>.

El día de los Santos Inocentes  se producía la intervención de Banesto, ejecutada, ninguneando a un estupefacto gobernador Rojo, por un pretoriano de nombre Miguel Martín.

El relato de lo sucedido es espeluznante, sembrando en el lector la duda razonable de si, de verdad, vivimos bajo el amparo de un Estado de Derecho, pues no existían razones aparentes para la intervención del banco.

La mayor lección que nos da Mario Conde en esta obra es que, pese haber sido privado de 15 años de su vida, no muestra rencor alguno hacía quienes le llevaron directa o indirectamente a esa situación.

Recomiendo abiertamente su lectura, crítica, si me apura, pero la versión del protagonista de aquellos hechos ha de ser, cuando menos, también conocida.

David Torija

davidtorija@hotmail.com

 

Acerca de David Torija

Economist and MBA. Business Development Manager, Advisor and Business Strategist. Passionate about Management, Finance, Marketing, Sales, Social Media, Writing and Public Speaking. Cross Cultural and Global Minded. Hard Worker. Entrepreneur. Optimistic, Enthusiastic: Always look on the bright side of life.
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2 respuestas a Reseña de Los días de gloria de Mario Conde

  1. Pingback: Reseña del libro: De aquí se sale. Una obra de Mario Conde | Cuaderno de Bitácora de David Torija

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