Mi particular reseña de La calle de la Luna de Kiko Méndez Monasterio

La calle de la luna

Uno de los sucesos que más me impactaron durante mi infancia fue el incendio de la discoteca Alcalá 20. Aquella mañana íbamos a comer a casa de mi abuela Pepa. Al llegar nos enteramos de la triste noticia, la noche anterior se había producido un incendio en el interior del local, que acabó con la vida de ochenta y dos jóvenes. Jóvenes como mis tías con las que iba a comer aquel día, como Luis Peralta, protagonista de la novela que hoy reseño. Supongo que aquel día, con apenas siete años, por aquella desgracia, sucedida en los albores de las fiestas navideñas del año ochenta y tres, en plena movida madrileña, me contaron por primera vez lo que era una discoteca y qué era la movida madrileña.

Al contrario que el protagonista de La Calle de la Luna, nunca he sido ave nocturna y nunca me ha gustado el mundo de la noche, supongo que pese a ser un apasionado de la música, mi miedo escénico para el baile, siempre me ha llevado a aborrecer las discotecas. Si a eso le unes que durante parte de mi juventud no bebía alcohol, que jamás he fumado y mucho menos consumido jamás ningún tipo de estupefacientes, aparte de convertirme en un tipo aburrido, me situaba en las antípodas del protagonista de la novela.

Fue precisamente en el número veinte de la calle Alcalá, en el teatro Alcázar, donde vi por primera vez al autor de la novela, Kiko Méndez Monasterio. Kiko era un joven idealista que subía a aquel estrado, aupado tras un enfrentamiento provocado por el concejal de seguridad del ayuntamiento de Madrid, José Ignacio Echeverría, quien envío a sus pretorianos contra el grupo de personas que se concentró en las puertas del consistorio tras el asesinato, a manos de ETA, de Francisco Tomás y Valiente, y que no se conformaron con un pusilánime minuto de silencio y alzaron su voz contra la banda terrorista, marxista y separatista. Por aquel entonces yo simultaneaba mi preparación de la oposición de acceso a la escala superior del ejército con la carrera de Ciencias Físicas por la UNED. Acudí a aquel evento acompañado por mis compañeros de clase del Colegio de Huérfanos de la Armada. Allí Kiko recitó un poema que, con el título Cobarde quien ceda, decía algo así: no mi amor yo no cederé, tú me amas y amas mi ideal…

En algún sitio leí que La calle de la Luna era la novela más íntima de su autor, en la que se hablaba de la noche madrileña de la post movida. Equivocado, esperaba una historia distinta, esperaba leer la historia de un joven idealista, la de Kiko. Pero no ha sido así. La novela sí transcurre en el Madrid de los años noventa, pero en lugar de la historia de un joven idealista, cuenta la historia de un joven hedonista, sin valores, fiel reflejo del devenir de una sociedad putrefacta y marchita.

Luis Peralta, el protagonista de la historia, es un adolescente de un pueblo con mar que, a regañadientes, se marcha a estudiar a Madrid por designio paterno. Luis, protagonista de esta historia, aterriza en la capital para completar, sin éxito ni empeño, sus estudios de Derecho.

Enseguida se pierde en el laberinto turbio de la noche madrileña de los noventa. Engreído, lenguaraz, prepotente, malhablado… el joven demuestra carecer de cualquier tipo de valores. Incapaz de hacer planes futuros, echa a perder varias relaciones sentimentales, con infidelidades incluidas. Vive por y para perderse en el mundo de la noche, y termina despertando la antipatía de quienes le rodean e incluso de lectores como yo, que aborrecemos al personaje pues, al menos en mi caso, lo identifico con el cáncer de una sociedad que se pudre por la ausencia de valores como la familia, la verdad, la honradez y la lealtad. Para mí no son válidos ni el atenuante de embriaguez, ni el agravante de nocturnidad, ni la edad, ni el tiempo, ni el entorno… para justificar comportamientos en las antípodas de la dignidad.

Que su protagonista sea un engreído no quiere decir que la novela no sea interesante, pues sí lo es. De fácil lectura, me ha permitido sumergirme en aquella época, casi coetánea con mi juventud, sus escenarios, sus excesos… son un fiel reflejo de una época, de la historia nocturna de la capital de un país, este nuestro, antes llamado España.

Reseña de la Calle de la Luna

Kiko Méndez Monasterio.

Ediciones Ambar. Barcelona 2008

Una reseña de David Torija

Acerca de David Torija

Economist and MBA. Business Development Manager, Advisor and Business Strategist. Passionate about Management, Finance, Marketing, Sales, Social Media, Writing and Public Speaking. Cross Cultural and Global Minded. Hard Worker. Entrepreneur. Optimistic, Enthusiastic: Always look on the bright side of life.
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